Las edades de la tierra

Las edades de la tierra

Edad de la tierra datación radiactiva

Muchas mediciones independientes han establecido que la Tierra y el universo tienen miles de millones de años. Los geólogos han encontrado capas anuales en el hielo que se pueden contar fácilmente con varias decenas de miles de años, y cuando se combinan con la datación por radioisótopos, encontramos cientos de miles de años de capas de hielo. Utilizando la tasa de cambio conocida de los elementos radiactivos (datación radiométrica), se ha demostrado que algunas rocas de la Tierra tienen miles de millones de años, mientras que las rocas más antiguas del sistema solar están datadas en 4.500 millones de años. Los astrónomos utilizan la distancia a las galaxias y la velocidad de la luz para calcular que ésta lleva viajando miles de millones de años. La expansión del universo da una edad para el universo en su conjunto: 13.800 millones de años.

Los astrónomos y los geólogos han determinado que el universo y la Tierra tienen miles de millones de años. Esta conclusión no se basa en una sola medición o un solo cálculo, sino en muchos tipos de pruebas. Aquí describiremos sólo dos tipos de pruebas de la antigüedad de la Tierra y dos tipos de pruebas de la antigüedad del universo; se pueden encontrar más tipos en la sección de lecturas adicionales. Estos métodos son en gran medida independientes entre sí, y se basan en observaciones y argumentos distintos, pero todos apuntan a una historia mucho más larga que 10.000 años. Como cristianos, creemos que Dios creó el mundo y que el mundo declara su gloria, por lo que no podemos ignorar lo que la naturaleza nos dice sobre su historia.

Paleozoico

Se estima que la edad de la Tierra es de 4.540 ± 0,05 mil millones de años (4,54 × 109 años ± 1%)[1][2][3][4] Esta edad puede representar la edad de la acreción de la Tierra, o de la formación del núcleo, o del material a partir del cual se formó la Tierra[2] Esta datación se basa en las pruebas de la datación radiométrica del material de los meteoritos[5] y es coherente con las edades radiométricas de las muestras terrestres y lunares más antiguas conocidas.

Tras el desarrollo de la datación radiométrica a principios del siglo XX, las mediciones de plomo en minerales ricos en uranio mostraron que algunos tenían más de mil millones de años[6] Los minerales más antiguos analizados hasta la fecha -pequeños cristales de circón de las colinas Jack de Australia Occidental- tienen al menos 4.404 millones de años. Las inclusiones ricas en calcio y aluminio -los componentes sólidos más antiguos conocidos de los meteoritos formados en el Sistema Solar- tienen 4.567 millones de años[10][11], lo que supone un límite inferior para la edad del Sistema Solar.

La hipótesis es que la acreción de la Tierra comenzó poco después de la formación de las inclusiones ricas en calcio y aluminio y de los meteoritos. Dado que aún no se conoce el tiempo que duró este proceso de acreción, y que las predicciones de los distintos modelos de acreción oscilan entre unos pocos millones y unos 100 millones de años, la diferencia entre la edad de la Tierra y la de las rocas más antiguas es difícil de determinar. También es difícil determinar la edad exacta de las rocas más antiguas de la Tierra, expuestas en la superficie, ya que son agregados de minerales de edades posiblemente diferentes.

Mesozoico

Nota del editor: Lo que sigue es la introducción de una publicación electrónica especial llamada Determining the Age of the Earth (haga clic en el enlace para ver el índice). Publicada a principios de este año, la colección recoge artículos de los archivos de Scientific American. En la colección, esta introducción aparece con el título «Stumbling Toward an Understanding of Geologic Timescales».

Aristóteles pensaba que la Tierra había existido eternamente. El poeta romano Lucrecio, heredero intelectual de los atomistas griegos, creía que su formación debía ser relativamente reciente, dado que no había registros que se remontaran más allá de la Guerra de Troya. Los rabinos talmúdicos, Martín Lutero y otros utilizaron el relato bíblico para extrapolar la historia conocida y llegaron a estimaciones bastante parecidas sobre el momento en que se formó la Tierra. La más famosa se produjo en 1654, cuando el arzobispo irlandés James Ussher propuso la fecha de 4004 a.C.

Al cabo de unas décadas, la observación empezó a superar estas ideas. En la década de 1660, Nicolas Steno formuló nuestros conceptos modernos de deposición de estratos horizontales. Dedujo que cuando las capas no son horizontales, deben haber estado inclinadas desde su deposición y observó que los diferentes estratos contienen diferentes tipos de fósiles. Robert Hooke, no mucho después, sugirió que el registro fósil constituiría la base de una cronología que sería «muy anterior… incluso a las propias pirámides». En el siglo XVIII se extendió la construcción de canales, lo que condujo al descubrimiento de estratos correlacionados a grandes distancias, y al reconocimiento por parte de James Hutton de que las inconformidades entre capas sucesivas implicaban que la deposición había sido interrumpida por períodos enormemente largos de inclinación y erosión. En 1788, Hutton había formulado una teoría de la deposición y elevación cíclicas, con la tierra indefinidamente antigua, que no mostraba «ningún vestigio de un principio, ni perspectiva de un final». Hutton consideraba que el presente era la clave del pasado, y que los procesos geológicos eran impulsados por las mismas fuerzas que podemos ver hoy en día. Esta posición llegó a conocerse como uniformismo, pero dentro de ella debemos distinguir entre la uniformidad de la ley natural (que casi todos aceptaríamos) y los supuestos cada vez más cuestionables de la uniformidad del proceso, la uniformidad del ritmo y la uniformidad del resultado.

4.543 millones de años

Desde la publicación por Nier y sus colaboradores1 de las abundancias relativas de los isótopos en veinticinco muestras de plomo procedentes de minerales comunes de plomo de diversas edades geológicas (Tabla 1), he abrigado la esperanza de que a partir de estos datos precisos sea posible descifrar las profundidades del tiempo geológico. Sin embargo, los cálculos implicados son un tanto formidables, y una investigación sistemática sólo ha sido posible recientemente, con la adquisición de una máquina de cálculo, por la que se agradece al Fondo de Investigación de la Dotación Moray de la Universidad de Edimburgo. Los resultados han justificado plenamente las expectativas e indican que la edad de la Tierra, calculada desde el momento en que el plomo radiogénico comenzó a acumularse en los materiales terrestres, es del orden de 3.000 millones de años.