Como hacer garbanzos con bacalao

Como hacer garbanzos con bacalao

curry de bacalao y garbanzos

Es muy común hacer un potaje de alubias o garbanzos cada semana en España; siempre tengo legumbres secas en la alacena de casa. Si bien es cierto que son lo último en comida casera, la adición de bacalao y una rica salsa de tomate y jerez aquí los transforma en algo bastante especial

1. Escurrir los garbanzos remojados y ponerlos en una cacerola mediana con el bicarbonato de sodio y la hoja de laurel. Cubrir con agua y llevar a ebullición. Reducir a fuego lento y cocer durante 45 minutos-1 hora, o hasta que los garbanzos estén blandos.

2. Mientras tanto, para hacer la salsa, poner una sartén a fuego medio. Añadir 1½ cucharadas de aceite de oliva y los tomates. Mezclar hasta que se cubran, luego añadir el ajo y cocinar durante 1 minuto. Añade la chalota y sofríe durante 2-3 minutos. Añada el vinagre y cocine durante unos minutos más. Incorporar el jerez y seguir cocinando a fuego medio hasta que el alcohol se haya evaporado y los tomates se hayan deshecho para hacer una salsa espesa (esto puede llevar de 5 a 8 minutos con tomates pequeños o hasta 20 minutos con los más grandes).

3. Añadir el pimentón y sazonar. Incorporar los garbanzos cocidos para que queden completamente cubiertos por la salsa. Añadir el eneldo y retirar del fuego. Poner una sartén a fuego medio con 1 cucharada de aceite. Una vez caliente, secar el bacalao y freírlo durante 2-3 minutos. Salpimentar, dar la vuelta y cocinar por el otro lado unos 1-3 minutos, hasta que esté bien cocido y opaco. Partir los filetes por la mitad y servirlos sobre los garbanzos, rociados con un poco más de aceite y espolvoreados con más eneldo.

potaje de pescado y garbanzos

Es muy común hacer un potaje de alubias o garbanzos cada semana en España; siempre tengo legumbres secas en la alacena de casa. Si bien es cierto que son lo último en comida casera, la adición de bacalao y una rica salsa de tomate y jerez aquí los transforma en algo bastante especial

1. Escurrir los garbanzos remojados y ponerlos en una cacerola mediana con el bicarbonato de sodio y la hoja de laurel. Cubrir con agua y llevar a ebullición. Reducir a fuego lento y cocer durante 45 minutos-1 hora, o hasta que los garbanzos estén blandos.

2. Mientras tanto, para hacer la salsa, poner una sartén a fuego medio. Añadir 1½ cucharadas de aceite de oliva y los tomates. Mezclar hasta que se cubran, luego añadir el ajo y cocinar durante 1 minuto. Añade la chalota y sofríe durante 2-3 minutos. Añada el vinagre y cocine durante unos minutos más. Incorporar el jerez y seguir cocinando a fuego medio hasta que el alcohol se haya evaporado y los tomates se hayan deshecho para hacer una salsa espesa (esto puede llevar de 5 a 8 minutos con tomates pequeños o hasta 20 minutos con los más grandes).

3. Añadir el pimentón y sazonar. Incorporar los garbanzos cocidos para que queden completamente cubiertos por la salsa. Añadir el eneldo y retirar del fuego. Poner una sartén a fuego medio con 1 cucharada de aceite. Una vez caliente, secar el bacalao y freírlo durante 2-3 minutos. Salpimentar, dar la vuelta y cocinar por el otro lado unos 1-3 minutos, hasta que esté bien cocido y opaco. Partir los filetes por la mitad y servirlos sobre los garbanzos, rociados con un poco más de aceite y espolvoreados con más eneldo.

garbanzos de bacalao ottolenghi

A un kilómetro de Toledo, en lo alto de una colina, hay un parador con una enorme terraza, desde la que se tiene una espectacular vista de la ciudad con sus torres, almenas, iglesias y castillos. El personal del parador tuvo la amabilidad de dejarme usar su cocina y allí preparé un plato con uno de mis favoritos -y sin duda uno de los favoritos de los españoles- el bacalao salado.

Ah, ¡el bacalao salado! Tengo muy buenos recuerdos de los viernes de mi infancia cuando el pescadero ponía su puesto y comprábamos grandes láminas de bacalao salado y seco. El pez de té, como se le conocía. Se remojaba en agua todo el sábado y se escalfaba en leche para desayunar el domingo con un gran pomo de mantequilla de granja salada y mucha pimienta.

Antes de la refrigeración, la salazón era uno de los principales métodos de conservación de los alimentos, y la tradición perdura porque las gruesas láminas saladas de bacalao de carne firme y blanca como la leche lo convierten en uno de los mejores pescados del mundo. La salazón lo hace un poco más duro que el bacalao fresco, pero le da una textura más carnosa. Una vez remojado en agua durante la noche y bien enjuagado para quitarle la sal, tiene un sabor único.

bacalao con garbanzos y chorizo

A un kilómetro de Toledo, en lo alto de una colina, hay un parador con una enorme terraza, desde la que hay una espectacular vista de la ciudad con sus torres, almenas, iglesias y castillos. El personal del parador tuvo la amabilidad de dejarme usar su cocina y allí preparé un plato con uno de mis favoritos -y sin duda uno de los favoritos de los españoles- el bacalao salado.

Ah, ¡el bacalao salado! Tengo muy buenos recuerdos de los viernes de mi infancia cuando el pescadero ponía su puesto y comprábamos grandes láminas de bacalao salado y seco. El pez de té, como se le conocía. Se remojaba en agua todo el sábado y se escalfaba en leche para desayunar el domingo con un gran pomo de mantequilla de granja salada y mucha pimienta.

Antes de la refrigeración, la salazón era uno de los principales métodos de conservación de los alimentos, y la tradición perdura porque las gruesas láminas saladas de bacalao de carne firme y blanca como la leche lo convierten en uno de los mejores pescados del mundo. La salazón lo hace un poco más duro que el bacalao fresco, pero le da una textura más carnosa. Una vez remojado en agua durante la noche y bien enjuagado para quitarle la sal, tiene un sabor único.