Meteorito que acabo con los dinosaurios

Meteorito que acabo con los dinosaurios

Cráter popigai

Estos rasgos fueron causados por la colisión de meteoritos (formados por grandes fragmentos de asteroides) o cometas (formados por hielo, partículas de polvo y fragmentos rocosos) con la Tierra[cita requerida] En el caso de los cráteres erosionados o enterrados, el diámetro indicado suele referirse a la mejor estimación disponible del diámetro original del borde, y puede no corresponder a los rasgos actuales de la superficie. Las unidades de tiempo se expresan en ka (miles) o Ma (millones) de años.

Menos de diez mil años de antigüedad y con un diámetro de 100 m o más. El EID enumera menos de diez cráteres de este tipo, y el más grande de los últimos 100.000 años (100 ka) es el cráter de Río Cuarto, en Argentina, de 4,5 km (2,8 mi)[2]. Sin embargo, hay cierta incertidumbre en cuanto a su origen[3] y edad, ya que algunas fuentes lo dan como < 10 ka[2][4] mientras que el EID da un más amplio < 100 ka.[3].

Los impactos de Kaali (c. 2000 a.C.) durante la Edad de Bronce nórdica pueden haber influido en la mitología estonia y finlandesa,[5] el Campo del Cielo (c. 2000 a.C.) podría estar en las leyendas de algunas tribus nativas americanas,[6][7] mientras que Henbury (c. 2200 a.C.) ha figurado en las tradiciones orales de los aborígenes australianos[8].

Foto del cráter de chicxulub

AUSTIN, Texas – Los investigadores creen haber cerrado el caso de lo que mató a los dinosaurios, vinculando definitivamente su extinción con un asteroide que chocó contra la Tierra hace 66 millones de años al encontrar una prueba clave: el polvo de asteroide dentro del cráter de impacto.

La muerte por asteroide y no por una serie de erupciones volcánicas o alguna otra calamidad global ha sido la hipótesis principal desde la década de 1980, cuando los científicos encontraron polvo de asteroide en la capa geológica que marca la extinción de los dinosaurios. Este descubrimiento pintó una imagen apocalíptica de polvo del asteroide vaporizado y de rocas procedentes del impacto rodeando el planeta, bloqueando el sol y provocando una muerte masiva a través de un invierno global oscuro y sostenido, todo ello antes de derivar de vuelta a la Tierra para formar la capa enriquecida en material de asteroides que es visible hoy en día.

En la década de 1990, la conexión se reforzó con el descubrimiento de un cráter de impacto de Chicxulub de 125 millas de ancho bajo el Golfo de México que tiene la misma edad que la capa de roca. Según los investigadores, el nuevo estudio confirma el hallazgo de polvo de asteroide con una huella química coincidente dentro de ese cráter en el lugar geológico preciso que marca la época de la extinción.

El cráter de gosses bluff

La trayectoria del asteroide que se cree que mató a los dinosaurios hace 66 millones de años era la adecuada para causar el máximo daño. Un nuevo estudio del cráter de Chicxulub, en México, donde impactó el asteroide, ha revelado que el ángulo y la velocidad del impacto estaban probablemente en el rango perfecto para enviar nubes de vapor asfixiante a los cielos.

Cuando un asteroide choca con un planeta, el cráter resultante depende en gran medida del ángulo de impacto. Gareth Collins, del Imperial College de Londres (Reino Unido), y sus colegas compararon un conjunto de simulaciones con datos geológicos recogidos en el cráter de Chicxulub para reconstruir ese impacto.

«Ese impacto inicial abrió un enorme agujero en el suelo, que luego se derrumbó de forma espectacular y se formó un enorme rebasamiento, algo parecido a lo que ocurre cuando se lanza un guijarro al estanque», explica Collins. En este «rebasamiento», la parte central del agujero rebota para crear una meseta en el centro del cráter.Publicidad

Las simulaciones que mejor se ajustaban a las observaciones del cráter eran aquellas en las que el asteroide entraba relativamente rápido, a unos 20 kilómetros por segundo, y golpeaba el suelo con un ángulo de unos 60 grados respecto a la horizontal.

Qué velocidad tenía el asteroide que mató a los dinosaurios

El cuarzo chocado es una forma de cuarzo que tiene una estructura microscópica diferente a la del cuarzo normal. Bajo una presión intensa (pero con una temperatura limitada), la estructura cristalina del cuarzo se deforma a lo largo de planos dentro del cristal. Estos planos, que aparecen como líneas al microscopio, se denominan características de deformación planar (PDF) o láminas de choque.

El cuarzo de choque se descubrió tras las pruebas de bombas nucleares subterráneas, que generaron las intensas presiones necesarias para alterar la red de cuarzo. Eugene Shoemaker demostró que el cuarzo chocado también se encuentra en el interior de cráteres creados por el impacto de meteoritos, como el cráter Barringer y el cráter Chicxulub[1] La presencia de cuarzo chocado apoya que dichos cráteres se formaron por impacto, ya que una erupción volcánica no generaría la presión necesaria[cita requerida].

El cuarzo chocado suele estar asociado en la naturaleza con dos polimorfos de alta presión del dióxido de silicio: la coesita y la stishovita. Estos polimorfos tienen una estructura cristalina diferente a la del cuarzo estándar. Esta estructura sólo puede formarse con una presión intensa (más de 2 gigapascales), pero a temperaturas moderadas. La coesita y la stishovita suelen considerarse indicativas de eventos de impacto o de metamorfismo de facies eclogítica (o explosión nuclear), pero también se encuentran en sedimentos propensos a la caída de rayos y en fulguritas[3][2].